Valdo Rodríguez aprendió a tocar en un camellón de la Ciudad de México, con una guitarra prestada y un señor que enseñaba gratis a quien pasara. Estudió Derecho y salía de clases a tocar en parques, en el metro y en los martes que le regalaban en la Condesa.
En su casa sonaban Arjona y Fernando Delgadillo del lado de su mamá, Rubén Blades y Héctor Lavoe del lado de su papá. Afuera sonaba reggaetón. Las tres cosas siguen adentro de sus canciones: la balada en la estructura, la percusión abajo y el habla de todos los días en las letras.
Escribe de amor y desamor como quien se lo cuenta a un amigo por teléfono, desde un punto medio que casi nadie canta: ni el barrio ni el pop de clase alta. Le dicen el Elvis mexicano. Él le llama mexipop a lo que hace: pop del que se hace aquí, sin pedirle permiso a nadie.
Logró llenar el Lunario del Auditorio Nacional en 2024. El 16 de octubre de 2026 presenta El Arte de Hacer Pop en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.